Florografía: Breve comentario sobre la Antotipia.

Desde hace muchos siglos la humanidad ha intentado conservar la luz. Siempre pareció una hazaña imposible pues detenerla resultaba difícil. Desde la Edad Media se supo que había pequeñas sales de plata que reaccionaban al entrar en contacto con la luz. Incluso antes de eso se inventó el aparato por el que la luz entraba: la cámara oscura. Estos dos conceptos, físicos y químicos, fueron trabajándose simultáneamente a través de cientos de años sin encontrarse. Hacia la primera mitad del siglo XIX comenzaron los primeros intentos en unir estos dos mundos. La historia de la fotografía es ya bien conocida así que no repararé en ella.

 Más bien me gustaría hablarles de un personaje que fue clave en el desarrollo de los materiales fotosensibles: John Herschel. A estas alturas ya se lograba producir imágenes a través de las cámaras oscuras y tener la imagen en papel, sin embargo esa imagen no era permanente. Cuando la fotografía se sacaba a la luz, terminaba por velarse hacia un negro absoluto y perderse para siempre. Nuestro personaje en cuestión fue quien descubrió el efecto que el hiposulfito de sodio tenía sobre las imágenes ya expuestas. Herschel detectó que al lavar nuestras fotografías con un baño de esta solución, estás no desaparecían al entrar en contacto con la luz. Fue un descubrimiento clave para el desarrollo de la fotografía. ¿Podríamos imaginarnos un mundo donde las fotografías fuesen fugaces? Hacia allá va este relato.

 

Herschel, siendo el personaje incansable que era, buscó la manera de seguir contribuyendo a la fotografía. Esta vez a la fotografía en color. Y a eso de 1842 se clavó en los descubrimientos e investigaciones de Jean Senebier y Johannes Ingenhusz que hablan de la fotosíntesis y de cómo las plantas producen alimento, intercambian gases y energía a partir de la ingesta de la luz del sol. Esto lo llevo a describir que había agentes susceptibles a la luz dentro de las plantas, hierbas, flores, frutas y verduras. Y así comenzó su viaje a la Antotipia, moliendo plantas, emulsionando papeles y haciendo fotogramas como los de su amigo William Henry Fox Talbot o su amiga Anna Atkins.

 

Fueron largos días cazando al sol, con resultados favorables y otros no tanto hasta que por fin, con ayuda de una bitácora de investigación logró perfeccionar el arte de moler plantas o flores y extraer su jugo para ponerlo sobre un papel y crear fotografías monocromáticas de colores vivos y olores fascinantes.

Recordémoslo una vez más como el astrónomo que cambio su telescopio por un mortero para mirar las plantas y convertirlas en imágenes por la gracia del sol.

Imágenes cortesía de Sebastián Machado para Wildflower Magazine

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